Para leer la ciencia

“Cuando era niña, los documentales y las revistas y programas de televisión de divulgación científica ejercían una fuerte atracción sobre mi intelecto… me maravillaba, y aún lo consigue, la plasticidad de los códigos lingüísticos… las palabras son poderosas y puede uno construir lo que uno desee con ellas y por eso estamos aquí”, esta fue la forma en que la maestra Robertha Leal Isida, coordinadora del Centro de Escritura del Campus Monterrey, introdujo al invitado de honor  al conversatorio  Para leer la ciencia, organizado por el programa Pasión por la Lectura, en la Sala Mayor de Rectoría, el pasado 30 de octubre, día en que, dicho sea de paso,  se conmemoraban los 80 años de que Orson Welles, guionista y actor convertido en divulgador de ciencia hacia el final de su vida, ofreciera al mundo su inolvidable versión radiofónica de La guerra de los mundos (1938).

Ante una numerosa audiencia conformada por alumnos y profesores de todas las carreras, el profesor del departamento de Industrias Creativas, Aurelio Collado, dio inicio a la conversación con Sergio de Régules, físico y divulgador de ciencia, reconocido por ser autor de más de 10 libros, ganador del sexto premio Puebla de Cuento de ciencia ficción y actualmente profesor y miembro del Comité Académico del Diplomado en Divulgación de Ciencia de la Dirección General de la Divulgación de Ciencia de la UNAM. “Quisiera cederle la palabra a un hombre que ha sido capaz de quitarle esa solemnidad a la ciencia para acercarla a donde tiene que estar, que es con todos nosotros”, fueron las palabras de Collado para permitir que el interesado público pudiera empezar a interactuar con Régules, quien se mostró “abrumado”, según sus propias palabras, por la hospitalidad y por encontrarse a un numeroso grupo de lectores de su obra.

“Imagínense un mundo donde los músicos estuvieran trabajando muy contentos ellos solitos y no le dijeran a nadie qué hacen… ahora imagínense que llega una persona que entiende el mundo de los músicos y de los no músicos y se da cuenta que en realidad son el mismo mundo  y que los músicos son gente como cualquier otra, y no solo eso, sino que lo que están haciendo puede tener un gran valor simplemente como cultura y entonces nos mostrara la música”, fue  la analogía que Régules usó para responder a la pregunta de para qué cree él que sirve la divulgación de la ciencia. De forma sencilla, amena y por demás interesante, el físico, que hay hecho de la divulgación una forma de vida, mencionó que la sociedad tiene ideas “raras” y falsas sobre lo que realmente hacen los científicos y que el sistema educativo mexicano no ha ayudado a esto, ya que no nos dice cómo se llegó a lo que los libros muestran, es decir, qué hicieron o cómo le hicieron los científicos para descubrir lo que llamamos ciencia. De igual forma, mencionó que erróneamente se ha considerado a la divulgación de la ciencia como simplemente dar clases de ciencia para tontos o explicar de una forma amena algo que la escuela hace de forma aburrida; sin embargo, comenta, por suerte no es eso: puede concebirse como literatura cuyo tema es la ciencia; el divulgador puede considerarse a sí mismo como escritor.

En un ambiente ameno y de confianza, los presentes pudieron preguntar, entre otras cosas, lo que llevó a Régules a escribir sus obras. Comentó que lo acontecido en Rusia el pasado 15 de febrero de 2013, motivó la redacción de su obra Cielo sangriento, que tiene como tema principal los meteoritos. De forma contraria, no fue un evento en particular lo que lo llevó a escribir La mamá de Kepler, otra de sus reconocidas obras, sino la selección de textos ya redactados con anterioridad y publicados en otros sitios, como por ejemplo su columna del periódico The News o la revista de divulgación científica,¿Cómo ves?, de la UNAM, por mencionar algunos.

Además de las preguntas de la audiencia, Collado llevó la conversación hacia temas relevantes como la falta de interés de los jóvenes sobre temas científicos, es decir, la ausencia de la capacidad de creer en la ciencia y apasionarse por ella. Régules afirmó que al gobierno y, al país en general, no le gusta la ciencia y es algo que no se puede imponer, de ahí que sea de suma importancia el trabajo del divulgador: hacer que se quiera leer sobre ciencia por el mero gusto de hacerlo y no por imposición. El escritor de ciencia debe implementar las técnicas de quienes han llevado el arte de la comunicación a su máxima expresión para lograr cautivar y convencer al lector que vale la pena leer sobre ciencia.

Por último, el también coordinador científico de ¿Cómo ves? comparó el trabajo del divulgador científico frente al de los seudocientíficos, como Jaime Maussan, con el casi inútil intento de hacer que un pequeño puestecito en la feria brille y sobresalga ante un espectacular puesto con luces y bailarinas que anuncia con altavoces sus productos, por lo que la labor entonces consiste en hacer del pequeño puesto uno impecable para que, una vez que el público entre en él, no se quiera ir; así que el consejo final fue: “Haz que tu pequeño puesto sea impecable para que una vez que la gente entre, no se quiera ir; haz un puesto maravilloso y no patees el puesto vecino”.

Sin duda, un fascinante conversatorio, enriquecedor, retador y que deja en claro que, como señaló Leal Isida, “para poder leer, alguien tuvo que ponerse a la tarea de escribir, y para escribir, no queda más remedio que leer”.

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