Del papel al maxilibrero central

Hace catorce meses, fui distinguida con la responsabilidad de organizar y echar a andar el Centro de Escritura de Campus Monterrey. Ese día, y muchos de los que le siguieron, toda mi energía se orientó a planear, diseñar y vislumbrar el modelo didáctico en el que estaría basado. La meta no era fácil. Hasta ese momento, la enseñanza de la escritura en el Tecnológico de Monterrey había estado anclada a materias de educación general. Ahora, debería dirigir el trabajo docente por otro camino, uno en el que, más que nunca, el alumno estuviera en primer lugar. Había que poner los ojos en metas más altas; debía pensar en el largo plazo.

En aquel momento recordé mis anotaciones de un proyecto de innovación educativa en el que los usuarios podrían encontrar ayuda para escribir mejor; luego, vino a mi memoria una propuesta de centro de escritura para Campus Monterrey que no se consolidó. Habían pasado trece años desde entonces y ahora tenía la oportunidad de cristalizar esos sueños. Un centro de escritura es un proyecto educativo de gran trascendencia en una universidad; su trascendencia es tal, que el futuro académico, científico y profesional de sus egresados depende –en gran medida– de su capacidad para comunicarse de manera oral y por escrito. Esa era la meta. Pero había que picar piedra.

Este primer año de trabajo ha sido muy intenso. Tuvimos que construir el centro desde cero: misión, visión, modelo de servicio, infraestructura de redes de comunicación, publicidad, asignación de espacios, diseño de políticas de atención, gestión de citas, reclutamiento de tutores, capacitación, diseño de materiales educativos… Todas estas acciones orientadas a generar y fortalecer la confianza en los servicios del centro de escritura. Ha sido mucho trabajo, es cierto; sin embargo, a lo largo de este año hemos podido ver cómo la cultura de buscar un lector acompañante para mejorar la escritura ha ido en aumento.

¡Felicidades a nuestros profesores aliados y a nuestros usuarios frecuentes!, ustedes son nuestra mejor recomendación. ¡Felicidades al equipo de tutores!, su paciencia para acompañar y tutorar usuarios ha contribuido a que la comunidad académica se convenza, poco a poco, de que lo que hace a un texto legible va más allá de la posibilidad de que se entienda. ¡Felicidades al Tecnológico de Monterrey! por incluir centros de escritura en su nuevo modelo educativo; es un gran acierto concebir la escritura como lo que es: un medio para acceder al conocimiento y para construirlo. Estoy segura de que más temprano que tarde rendirá grandes frutos.

Y bueno, no me queda más que agradecer a todas las personas que han hecho posible la operación exitosa del Centro de Escritura de Campus Monterrey, y al Tecnológico de Monterrey por asignarme esta tarea; es una de las que más retos intelectuales me ha implicado y, quizá por ello, una de las que más he disfrutado. Enhorabuena.

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